Esos primeros cinco minutos
Muchos dicen que son menos, pero vamos a dejarlo en cinco minutos. Esos que pueden ser eternos, desafiantes o emocionantes, pero nunca indiferentes. Llegas a una reunión o un evento y la rapidez de tu mente ya está tratando de responder a si das una buena impresión, con quién debes hablar primero o qué debes decir exactamente.
Hay personas que son más sociables y extrovertidas que otras porque han integrado que así son, pero sea como sea, hay personas que tienen más habilidad para las interacciones sociales que otras. Escucho mucho en desarrollo personal eso de “Fíngelo hasta que te lo creas” probablemente funcione en algunos contextos, pero cuando tú finges ser extrovertido estás gastando una enorme cantidad de energía en el intento que no solo es inútil sino que te hace sentir peor.
Yo le llamo ser falso, es decir, olvidarte de tu autenticidad a lo que tu mente responde martilleándote una y otra vez que estás engañándote a ti mismo y a los demás. Por lo tanto finges y finges hasta que llega un momento en el que te das cuenta que no vale la pena. Las personas felices nos transmiten felicidad, pero las personas que fingen ser felices nos transmiten desconfianza por su falta de coherencia y no importa cuantas técnicas o trucos te hayas aprendido, siempre vas a transmitir lo que sientes, aunque lo hagas de manera inconsciente, porque también llega al inconsciente de la otra persona y ésta siente ese “No sé por qué, pero esta persona no me gusta”.
Sé que ahora entro en otro terreno, pero esencial para entender de qué va este juego de la vida social, es decir, si hay un evento al que hayas sido invitado/a y no quieras ir por la razón que sea, pero sobre todo, porque piensas que te vas a sentir mal, no vayas! Cuando apagas el ruido del ego y aún así sientes que no vas a estar a gusto en ese lugar, no vayas!
Forzar, intentar que funcione es inútil, porque nunca funciona. Cuando te obligas a ir a un evento o reunión que no quieres, te sentirás irritable, triste o ansioso/a y eso es lo que vas a contagiar al resto de personas que asistan a ese lugar.
Hace poco le presté a una amiga un libro titulado “El año del sí” en el que la autora cuenta, que ha decidido decir SI a todo lo que le propongan ese año, mi amiga se quejaba de su falta de vida social pero que no le apetecía acudir a ciertos actos a los cuales la invitaban. Creo que es el peor consejo que se le puede dar a alguien “Decir a todo que si”.
Decir a todo que sí porque nunca sabes donde está la oportunidad no funciona, tienes que sentir esa apertura para acudir a cualquier acto social. Pero, por otro lado necesitamos esas interacciones sociales, para casi cualquier cosa necesitamos de los demás y de lo que se trata es de tener herramientas para acudir a un acto contentos/as y estar a gusto en ese lugar. Por eso, la primera herramienta es que debemos jugar con nuestras propias reglas y una de ellas es que tienes que sentirte libre para decidir en qué posición quieres jugar, no esperamos que lo hagas bien y al mismo tiempo en todas, nadie espera que un futbolista juegue en cada posición de manera perfecta. Así que lo primero, es reflexionar en que lugares te sientes más cómodo/a para interactuar, puede ser en fiestas al aire libre, en cafeterías, conciertos, eventos deportivos, etc.
Una vez que tengas esto claro, no fuerces la decisión de ir a otros lugares dónde sabes que no te vas a sentir bien. Por ejemplo, si te agobian los conciertos multitudinarios, quizá puedas optar por los que se enfocan hacia un público sentado. Busca siempre la opción que mejor te sienta y desde ese lugar y un poco de práctica cada vez estarás más confiado/a y seguro/a de ti mismo para abrirte a otras propuestas.
Todo esto, para decirte que esos cinco minutos iniciales son los que van a marcar toda la melodía, por tanto piensa cómo va a ser tu actitud en esos cinco minutos en el evento al que te acaban de invitar, para decidir acudir o no.